¡Es la economía, estúpido!

El título es una frase que se hizo famosa en la campaña por las presidenciales de Estados Unidos en 1992, y viene al dedo para resumir la idea de este post: la economía tiene en nuestra sociedad una fuerza colosal, más de la que, quizá, percibimos; y esta no es una buena noticia.

Retroceso en los derechos básicos

Cubrir las necesidades básicas en el caso de la persona que vive en las denominadas sociedades desarrolladas es a menudo mucho más difícil que en el caso de un animal que vive en su medio natural. Ninguna otra especie sobre la Tierra soporta los niveles de pobreza, miseria, hambruna, guerras, etc que sufrimos los seres humanos. Ni siquiera tenemos derecho a un habitáculo digno donde dormir, algo impensable en el resto de seres vivos; a pesar que que las constituciones de cada país establecen que es un derecho básico, en realidad los gobiernos no lo respetan en absoluto, y nadie te asegura que podrás acceder a una vivienda digna, o que teniéndola, no la perderás en un futuro, víctima de alguna expropiación forzosa.Tampoco tenemos la comida asegurada.

Después de miles de años de evolución de las sociedades, ¿cómo hemos llegado a estos extremos? Pensemos que, por ejemplo, los íberos que vivían en sus pequeñas aldeas hace 2500 años,  ¡lo tenían más fácil! La tribu llegaba a un lugar que se veía con posibilidades: básicamente tierra fértil y agua. Se establecían. Cada cual se encargaba de construir su casa con adobe. Se organizaban alrededor de una calle principal. Se repartían las labores, unos eran artesanos, otros tejían, labraban, cazaban. Hacían trueques entre ellos. Si no habían desastres naturales, sequías, etc, allí todo el mundo tenía un techo y comida, una vida sencilla pero digna. Acuñaban sus propias monedas, con metales de la zona, y de vez en cuando les visitaban mercaderes a los que compraban accesorios de lujo, como porcelana, seda, vino. No habían hipotecas que pagar de por vida bajo amenaza de quedarte con toda la familia en la calle si no pagabas. Ni deudas con intereses usureros. La respuesta a cómo hemos empeorado en aspectos básicos es, como ya hemos anunciado, la economía.  

Necesidades versus ética y derechos 

El ser humano común todavía se deja llevar en gran manera por instintos básicos: alimentarse, reproducirse, sobrevivir, miedo a no tener lo anterior, etc. Pero las sociedades actuales ya hemos dicho que no aseguran, de ninguna manera, el derecho a la vivienda y a la alimentación, al contrario, te lo has de "merecer", te "has de ganar la vida", como si no tuviéramos derecho a la vida a menos que hagamos algo productivo. La combinación de los dos factores anteriores, el instinto de supervivencia y el no tenerla asegurada, genera miedo, más o menos encubierto, latente, miedo a perder lo que tienes, a quedar excluido. Más aún cuando esta sociedad que tenemos no sólo no nos asegura la satisfacción de nuestras necesidades básicas naturales, sino que además genera otras de artificiales a las que nos volvemos dependientes: tener un coche, electricidad, televisión, ordenador, móvil, cambiar de ropa cada temporada, etc. Son muchas necesidades a cubrir, y poca seguridad de poderlo hacer de por vida ... una vida cada vez más larga, con precios que siempre suben.

El miedo latente que esta situación genera, debido al instinto de supervivencia, seguramente explica el que la mayoría de gente mire hacia otro lado cuando ve los derechos de la gente pisoteados; no nos interesa que haya un impresentable porcentaje de población infantil en nuestro país con malnutrición, tampoco interesan las familias desahuciadas por los bancos, o que una compañía farmacéutica haya descubierto la cura de la hepatitis, pero haya decidido forrarse con ello, vendiendo el tratamiento a un precio tan disparatado que el gobierno de turno, el mismo que invierte cifras multimillonarias en trenes de alta velocidad, decida que no va a entrar por la seguridad social, condenando a muerte a muchos enfermos, miles cada año. No nos interesa. Vamos a "lo nuestro", nuestras "necesidades" cubiertas. Es una situación absolutamente falta de ética, y el origen, la causa, es la economía, tal como la estamos practicando.

Incluso es peor: la mayoría de guerras tienen su origen, directamente o indirectamente, en la economía. Las grandes guerras mundiales del siglo XX. Las guerras de Vietnam y de Corea. Incluso los terrorismos de ETA y del radicalismo islámico tienen vinculaciones indirectas, pero potentes, con la economía. Recordemos que ETA tenia una ideología de izquierdas, económicamente hablando. Y el radicalismo islámico arraiga bien en países subdesarrollados, entre la población pobre, o en suburbios de países desarrollados. El actual (2017) presidente de los Estados Unidos, el deplorable Donald Trump, en el momento de escribir estas líneas está en plena batalla verbal y de amenazas de guerra nuclear con el presidente de Corea del Norte, un dictador también con muy pocas luces, probablemente, un desequilibrado; como dos críos en el patio de la escuela, se amenazan el uno al otro, en plan chulesco, pero con armas atómicas (!). Trump salió elegido por un problema económico: el de la clase media baja estadounidense. Como decíamos antes, esos votantes privilegiaron que cubrieran sus necesidades a cualquier otra consideración, como el dar el poder de la máxima potencia militar a un constructor millonario sin experiencia política ni diplomática. Pensaron: lo  primero es lo primero, o sea, yo y mis necesidades, que le den al mundo. Esta actitud ciega, irresponsable, nada inteligente, y nada ética, es la que propicia la sociedad desarrollada actual. Y nos puede llevar a un desastre nuclear de la mano de dos locos, poca broma con el tema.

Qué es y qué debería ser la economía 

La economía tiene, o debería tener como objetivo, la organización necesaria para cubrir las necesidades de las personas en una sociedad. Eso debería ser la economía. Desde el desastre financiero del 2007, han aparecido diversos grupos anti-capitalistas e incluso anti-sistema culpando al sistema capitalista de todos los males de la humanidad, incluso hay quien lo relaciona con las sociedades patriarcales y el machismo (!). Creo que siempre hay que informarse bien, pacientemente, antes de acogerse de forma ciega a una ideología, por bien que nos suene, que puede ser falsa. Igual que el concepto original de la economía era absolutamente correcto, el del capitalismo también lo era, pues la idea era simplemente la generación de riqueza, no para unos cuantos afortunados, sino para todos, para las naciones y sus habitantes. ¿Han leído atentamente, los anti-capitalistas, La riqueza de las Naciones de Adam Smith? Se trataba de sacar de la pobreza a naciones enteras, generando riqueza para todos, no para todo el mundo en la misma medida, cierto, pero si para beneficiar a todos. ¿Qué le ha sucedido a la idea original?

En el lenguaje económico, "capital" es cualquier recurso que sea productivo, por ejemplo, los trabajadores son capital humano, y un capitalista es aquel que utiliza su capital para producir y/o distribuir bienes, riqueza en definitiva. La economía actual más que buscar producir bienes está orientada a ganar dinero; el dinero en sí no es riqueza en absoluto, es poder, es riqueza potencial, es muy distinto. Además de no ser riqueza, no es material, puede generarse en ordenadores, como cifras en cuentas bancarias, de forma virtual. Estos dos factores, el ser poder y ser virtual, ha pervertido la economía, que ya no se dedica a cubrir las necesidades de la gente, sino a generar dinero y poder. Además está el pésimo trabajo realizado por los estados y sus autoridades económicas. En teoría, el dinero es propiedad del estado, que tiene la obligación de velar por su correcto uso y distribución, de forma que sirva a su propósito original, ayudar, facilitar la generación de riqueza para la sociedad Pero el estado ha permitido que el dinero degenere en un modo de intercambio de poder, a todos los niveles; se suceden uno detrás de otro los casos de corrupción política, los partidos necesitan dinero y lo obtienen de forma fraudulenta, hay intercambios de favores con la promesa de dinero fácil por en medio, se especula con el dinero como si fuera un casino, sin tener para nada en cuenta que ese mismo dinero es necesario para vivir, lo hemos hecho así de mal.

Si queremos avanzar hacia una auténtica sociedad del bienestar, hay que recuperar el sentido original de la economía, como una ciencia que busca cómo optimizar unos recursos limitados, los naturales, para cubrir las necesidades, las auténticas necesidades, no las generadas artificialmente, de todos los habitantes, no sólo de unos cuantos, de todos. Ha de ser una economía ecologista, pues se ha de ajustar a los recursos disponibles, capitalista, pues ha de generar riqueza, universal, pues genera riqueza para todos, no sólo para unos pocos, y centrada en los bienes no en el dinero, el dinero ha de ser sólo un medio eficaz de intercambio, mucho mejor que el antiguo trueque, pero de intercambio de riqueza real, no especulativa, no virtual. Los estados han de hacer su trabajo: controlar la creación y el flujo de dinero en el sentido apuntado. Un mundo así, con las necesidades básicas cubiertas para todos, sin miedo, sería seguramente más ético, y seguro más feliz.

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